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Monte oscuridad, novela de María Sarmiento. Edición: Musa Rea

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La lectura de la novela Monte oscuridad produce un efecto de calidoscopio. Pero a diferencia del conocido y maravilloso artefacto en donde cada giro nos muestra la combinación final, la virtud de la apuesta literaria de María Sarmiento es ir mostrando paulatinamente cada uno de los cristales irregulares que componen el mencionado artefacto –y muchos de estos “cristales” lastiman por el ramalazo de injusticia social que exponen– .

Sin necesidad de dividir la narración en los consabidos capítulos, los fragmentos de distinta factura –nos encontramos con declaraciones testimoniales, diálogos escuetos, acontecimientos, confesiones introspectivas y otros interesantes recursos– tienen la virtud de ir componiendo paso a paso el dibujo buscado, y que de esta manera sutil entrevemos. La aparición de personajes múltiples que desconocemos y situaciones cuya raigambre recién valoramos en su justo peso al final, forman parte del estilo de la escritura. Haciendo vibrar de modo fragmentario el calidoscopio al que hacíamos referencia, produce en consecuencia un lógico interés por descubrir el “dibujo” final y un creciente suspenso –es justo mencionar que la novela se encuadra lícitamente en el género policial–.

Podemos agregar que a medida que va trascurriendo la novela, los sucesos que denuncian la conexión íntima  de los diferentes personajes con las diversas situaciones, nos van revelando la real imbricación y, finalmente, y de una manera altamente satisfactoria, aparece la resultante. Un panorama que cruza destinos individuales con una situación social más abarcadora: la apropiación del territorio del norte santafecino por las empresas forestales, el abandono posterior que trae como resultado los llamados “pueblos fantasma”, la lucha legítima de los anarquistas y la injusta represión, y todo a contraluz del asunto principal de la novela: el asesinato de una mujer y la desaparición de su hija.

En síntesis, la escritora María Sarmiento nos entrega un valioso y esforzado mecanismo literario al servicio de un relato elocuente y una historia apasionante. Vale la pena aventurarse en la lectura de Monte oscuridad.

 

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