info@josemariagomez.com.ar

Las últimas lunas, de Furio Bordon, con Federico Luppi. Dirección de Susana Hornos/////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////

LAS ULTIMAS LUNAS01baja

 

Actores: Susana Hornos, Federico Luppi y Ramiro Vayo

Diseño de escenografía: Eliana Sánchez y Susana Hornos

Diseño de luces: Pedro Zambrelli

Prensa: OCTAVIA Comunicación

Producción general: Pablo Silva y Susana Hornos

Dirección: Susana Hornos

 

Se trata de una emotiva ceremonia teatral en virtud de la labor de un grande de la escena teatral y cinematográfica, como es Federico Luppi, encarnando un texto eficaz y sintomático acerca del lugar de la ancianidad en las sociedades modernas.

Un viejo profesor espera en su cuarto a su único hijo, mientras prepara la valija, para que lo lleve al geriátrico; su última morada, se presume, y eso despierta en el hombre sensible y educado un sinfín de reflexiones agudas, desencantadas y con particular humor, sobre su situación particular y, por extensión, la de todos los viejos del mundo. No está solo en el cuarto. La presencia de su tercera y última mujer, quien fuera su alumna, lo asiste en la tarea: no la de armar la valija, por cierto, sino la de acomodar en esa acción todo el rompecabezas de su vida ahora que, a punto de iniciar la última etapa y alejado de los suyos en un lugar que no reconoce y no lo reconocerá jamás, sólo eso tendrá para afrontarla: sus recuerdos, sus sueños, su entidad de hombre. Cuando finalmente aparece el hijo de ambos, dos interesantes planos de representación se suscitan, provocando en el desarrollo una catarata de sentimientos y emociones genuinas. En los últimos tramos de la primera parte de la obra, con esa broma cruel que involucra a su propio hijo, logran una altura dramática inusitada, de efectos indelebles.

La labor de Ramiro Vayo, en el rol de ese hijo apocado y reprimido en sus sentimientos, es muy eficaz y certera, una elección de casting muy acertada. La actuación de Susana Hornos es exquisita. En todo momento, sus gestos y, sobre todo, la mirada hacia sus “hombres”, revela una compenetración con la obra y, asimismo, una honda comprensión sobre los diversos destinos humanos. Y dejo para el final, obviamente, referirme a la altura, la dignidad y las implicancias que trascienden la obra, con que Federico Luppi encara un rol a su medida: esa gracia, esa ironía y ese compromiso afectivo con que siempre interpretó sus papeles y muchos de ellos emblemáticos de la producción artística nacional, y que provocaron en el espectador reacciones emotivas del mejor cuño y seguramente fueron la causa de que fuera aplaudido de pie y seguiríamos haciéndolo si no mediara su propia intervención. Una noche de complicidades y emociones.

Sin embargo, y esto lo digo con el mayor respeto a la producción y a la directora del espectáculo, la misma Susana Hornos, la propuesta tiene, a mi entender, un error subsanable: la segunda parte. Innecesaria, reiterativa: todo lo que presumimos sobre la vida de este hombre “internado” en un geriátrico,  ya fue dicha y suficientemente sobreentendida en el desarrollo de la primera parte. Resulta gratuito, e irremontable desde las cotas de altura dramática lograda en el primer tramo, someter al personaje e inclusive al actor, a hablar con una planta, más allá de la solvencia con que lo hace, y que queda fuera de duda. Me refiero al aspecto estructural de la obra. Creo que es una pena y posible de corregir para no resentir una propuesta muy pero muy valiosa.

 

Funciones: Viernes a las 20 hs. en el Centro Cultural de la Cooperación, Avenida Corrientes 1543, de la ciudad de Buenos Aires.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *