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El Plauto, de Carlos Trías. Dirección: Adrián Blanco///Perfiles y reseñas

El Plauto

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Autoría: Carlos Trías; Elenco: Gastón Frías, Martín Diese, Georgina Frattini, Danae Cisneros, Darío Pianelli, Nacho Vavassori, Mario Frías, Marita Picasso, Ariel Haal, Omar Cenzano Brandon; Percusionistas: Diego Rozo, Araka, Ezequiel Fischer; Dirección de Percusión: Diego Rozo; Guitarrista: Manuel García Fernández; Música Original: José Páez; Vestuario: Analía Cristina Morales; Dispositivo Escenográfico: Javier Araya, Adrián Blanco; Fotografía: Patricio Marchionna; Realización Escenográfica: Javier Araya; Co-Producción: Teatro Hasta Trilce – Adrián Blanco; Puesta en Escena: Adrián Blanco; Dirección: Adrián Blanco

 

Prensa: Silvina Pizarro

Teatro Hasta Trilce, Maza 177.

Sinopsis: Tres astutos esclavos (Palinura y Pseudolo -del viejo avaro Euclión-, junto a Socias -de Terapontígono, el militar-) traman un plan intrincado para obtener su libertad tan ansiada. Un cúmulo de enredos se suceden en consecuencia: el hurto de la olla de oro de Euclión; el rapto de la bella doncella Planesia con el fin de ser entregada a los brazos del virginal enamorado Filócrates en el exótico burdel de Erotia, la cortesana; la desopilante usurpación de los tres esclavos de la identidad de Mercurio, hijo de Zeus; junto con la confusión a la que llevan a este último hasta enloquecerlo.

La obra fue estrenada por primera vez en Buenos Aires en el año 1977, en el desaparecido Teatro Estrellas, bajo la dirección de Roberto Villanueva y música original de José Páez. (Extractos del material de prensa)

Esta pieza teatral, magnífica y regocijante, en manos de Adrián Blanco, se sostiene fundamentalmente por la labor de los actores quienes se prestan con alto dinamismo y compromiso corporal al juego permanente de las acciones, convalidando la índole festiva del material abordado. Desde esa perspectiva, el director ha extremado cada una de las escenas, manteniendo un registro de similar intensidad. Con la asistencia apropiada de un conjunto musical y una escenografía limitada a una gran carpa móvil con reminiscencias circenses, Adrián Blanco logra sacar adelante una obra que, además de proponer graciosos condimentos argumentales, acarrea el peso de una tradición teatral que hunde sus raíces en la comedia greco-latina y que exige, por lo tanto, una íntima comprensión de los elementos en juego. Con todo, usufructuando acertadamente de las capacidades histriónicas de un equipo actoral sin fisuras e imprimiendo al desarrollo el ritmo adecuado, a despecho de la extensión de la obra, se logra un resultado más que satisfactorio. Resulta gratificante volver a gozar de las triquiñuelas de los esclavos y de la burla desenfada a las pretensiones de los poderosos del cielo y de la tierra, materia prima de la permanente y saludable propensión del soberano al divertimento sin ataduras de la lengua.

Funciones los días sábado a las 21 horas.

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